jueves, 1 de septiembre de 2011

Los gatos no entienden de morriña.


Todo ha cambiado pero, a la vez, nada se ha movido de su sitio. Coruña, Madrid; Madrid, Coruña.

He canjeado la lluvia por el sol. El verde se ha tornado gris.
Monte San Pedro, A Coruña.
Supuesta mente ésta siempre ha sido mi casa, Madrid siempre ha sido mi punto de referencia. Pero en la práctica, no habré pasado en esta ciudad más de un año de toda mi existencia. Estoy acostumbrada a esto, me gusta la forma de vida que siempre he llevado. Pero supongo que esta vez es diferente, aunque sea sólo por el carácter definitivo de esta metamorfosis que está sufriendo todo cuanto me rodea.



Ahora vivo en un lugar donde personas de ochenta años me adelantan en el metro; aquí no se anda, se corre. He cambiado el olor a algas por las flatulencias de cientos de miles de coches. La brisa del mar es ahora dióxido de carbono. La monotonía y la redundancia han pasado a convertirse en la diversidad más pura que podáis imaginaros. La playa aquí es piscina; las calles, avenidas; las nubes, un recuerdo desdibujado y turbio. La dentadura descolocada que forman allí los edificios de distintos tamaños, formas y colores, ha sido suplantada por altas torres, construcciones acristaladas y grandes polígonos industriales. El calmado sonido de las olas rompiendo contra las rocas debajo de mi ventana se ha desfigurado para convertirse en estresantes bocinazos. Allí se hablan dos idiomas; aquí varias decenas de ellos. He sustituido la tranquilidad y la comodidad por la prisa de una ciudad que nunca duerme. El cosmopolitismo es una doctrina a seguir y la apertura a lo nuevo, una forma de vida.

Coruña, Madrid; Madrid, Coruña. Nada se parece, pero todo sigue igual: dejémoslo en que los gatos no saben de morriña.

Fuente Carrantona, Madrid.
La playa y el mar: nada más y nada menos que cemento y ruido. Lugares diferentes, personas distintas, formas de vida dispares. Pero mis expectativas y yo seguimos siendo las mismas. Y aunque no cambiaría por nada los últimos cinco años de mi vida, los que me conocen saben que mis sueños… están hechos de hormigón.

1 comentario:

  1. Esto era un de las mejores cosas que me podían pasar. Ahora que nos dejas, este mar pegado a una ciudad se queda vacío. No me dejas mas remedio que seguirte, leer todas tus entradas y quedarme a cuadros con cada una de tus fotos. Pues eso, que ahora que te vas solo me queda cotillear tu blog. Cuídate muchísimo y que sepas aunque suene a tópico es una realidad. Me tienes aquí para lo que sea. Un besiño Andius.

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